Respuesta rápida

Elegid un espíritu por el valor que aporte de forma fiable, no solo por su animación. La habilidad activa debe resolver un problema de ejecución, ya sea infligir daño explosivo, tambalear, protegeros o aportar utilidad. La bonificación pasiva debe respaldar la configuración que ya estéis utilizando. Un espíritu que acierta de forma segura y ayuda en todos los intentos es más fuerte que uno espectacular que falla la única apertura importante.

Cuándo resulta útil esta guía

Usad esta guía cuando hayáis reunido varios espíritus y no sepáis cuál merece el espacio o los materiales de mejora. Los espíritus son transformaciones de un solo movimiento capturadas de determinados jefes y enemigos. Son distintos de las transformaciones completas: un espíritu os concede un ataque o efecto activo, y los espíritus equipados también pueden proporcionar ventajas pasivas.

Este sistema es más útil si consideráis los espíritus como herramientas para enfrentamientos específicos. Wandering Wight, Guangmou y las opciones posteriores pueden ofrecer sensaciones muy distintas porque su momento de activación, alcance y bonificaciones pasivas exigen preparaciones diferentes. La pregunta correcta no es «¿Cuál es el mejor espíritu?», sino «¿Con qué espíritu puedo acertar en este combate y qué hará después de acertar?».

Ciclo básico de los espíritus

Leed primero el efecto pasivo. Si el valor pasivo de un espíritu no respalda vuestra configuración actual, la habilidad activa debe ser excepcional para justificar el espacio. Un efecto pasivo defensivo puede ayudar mientras aprendéis. Uno ofensivo importa más cuando ya alcanzáis la fase difícil con regularidad. Los efectos pasivos de utilidad son valiosos en recorridos donde la constancia importa más que el daño explosivo contra un jefe.

Después, probad la habilidad activa en aperturas reales. No la juzguéis por lo emocionante que parezca en el menú del altar. Comprobad si alcanza al jefe después de Inmovilización, de un tambaleo, de un combo fallido del enemigo o de vuestra descarga de postura preferida. Si falla porque el jefe da un paso atrás, gira o inicia una transición, no está resolviendo ese enfrentamiento.

Usad el espíritu en el punto de aprovechamiento. Un espíritu de daño explosivo se activa después de un conjuro de control o un tambaleo. Uno de tambaleo va antes de un castigo previsto. Uno de utilidad se usa cuando su efecto pueda evitar un problema conocido del recorrido o del jefe. Tratad el espíritu como parte de una secuencia, no como un botón independiente que pulsáis en situación neutral solo porque está disponible.

Plan paso a paso

  • Separad la bonificación pasiva de la habilidad activa antes de elegir.
  • Comprobad si la habilidad activa acierta tras vuestra ventana habitual de preparación.
  • Decidid si la función del espíritu es daño explosivo, tambaleo, seguridad, utilidad o apoyo pasivo.
  • Usad espíritus que exijan mucho compromiso solo cuando el jefe esté controlado, recuperándose o forzado a permanecer cerca.
  • Conservad un espíritu menos espectacular si acierta con mayor frecuencia en ese enfrentamiento.
  • Mejoradlo después de comprobar su valor repetidas veces, no tras un único golpe impresionante.

Prioridad de inversión

La inversión en espíritus debe ser selectiva. Mejorad primero el espíritu que vuestra configuración use realmente en varios combates antes de repartir recursos entre cada opción nueva. Una habilidad activa fiable con un efecto pasivo pertinente es una mejor primera inversión que una colección de alternativas probadas a medias.

Al principio, priorizad la fiabilidad y el valor pasivo. Si un espíritu proporciona una bonificación defensiva o de constancia útil y su habilidad activa acierta durante ventanas sencillas de Inmovilización, puede acompañaros durante varios capítulos. A mitad y al final del juego, empezad a cambiar según funciones concretas: daño explosivo para aperturas breves de jefes, tambaleo para enemigos que se puedan interrumpir, utilidad para la presión de los recorridos y bonificaciones pasivas que completen una configuración más especializada.

No mejoréis un espíritu solo porque sea famoso. Hacedlo porque vuestros intentos demuestren cuándo acierta, qué permite hacer después y por qué es mejor que el que ocupa ahora el espacio.

Enfrentamientos favorables

Los espíritus son fuertes contra jefes con recuperaciones predecibles, élites que se pueden tambalear o castigar después de controlarlas y recorridos donde una habilidad activa puede eliminar a un enemigo peligroso antes de que agote vuestra calabaza. Los espíritus de daño explosivo funcionan bien si un conjuro o una postura ya crea una apertura estable. Los espíritus orientados al tambaleo o al control funcionan bien cuando interrumpen al enemigo durante el tiempo suficiente para continuar de forma segura.

Los espíritus centrados en su efecto pasivo son fuertes cuando necesitáis constancia en vez de espectáculo. Si un efecto pasivo mejora vuestra supervivencia, la gestión de la resistencia o el plan de daño durante cada segundo del combate, puede resultar más valioso que una habilidad activa que solo acertáis una vez.

Enfrentamientos desfavorables

Los espíritus son peores cuando su habilidad activa exige una animación larga y el jefe no deja de moverse, volar, cambiar de fase o contraatacar tras aperturas breves. También pueden rendir mal en combates donde el efecto pasivo no aporta nada a vuestra configuración. En esos casos, lleváis una herramienta de un solo movimiento que quizá ni siquiera alcance al enemigo.

También son malos botones de pánico. Si activáis un espíritu en mitad del combo del jefe sin haber creado una ventana, podéis salir mal parados del intercambio o terminar la animación en peligro.

Errores habituales

  • Elegir la animación más grande en vez de la opción más fiable para aprovechar una apertura.
  • Ignorar la bonificación pasiva porque la habilidad activa parece emocionante.
  • Lanzar un espíritu en situación neutral y confiar en que el jefe se quede quieto.
  • Mejorar demasiados espíritus antes de decidir el plan principal de la configuración.
  • Mantener equipado para explorar un espíritu de daño explosivo contra jefes cuando una opción de utilidad o pasiva ahorraría más recursos.

Comprobación antes de continuar

La elección del espíritu es buena cuando conocéis las dos partes de su valor. Deberíais poder decir: «Lo equipo por el efecto pasivo y uso la habilidad activa después de Inmovilización» o «Este solo sirve para tambalear después de que el jefe falle». Si no podéis identificar la preparación, seguid probándolo antes de mejorarlo.

Preguntas frecuentes

¿Qué hace que merezca la pena usar un espíritu?

Su valor fiable. El mejor espíritu para vuestra configuración acierta durante vuestras aperturas reales, proporciona un efecto pasivo que usáis constantemente o ambas cosas.

¿Debería cambiar de espíritu para cada jefe?

Cambiad cuando la habilidad activa del espíritu actual no pueda acertar o su efecto pasivo deje de importar. No lo cambiéis después de cada muerte si el verdadero problema es el momento de ejecución.

¿Los espíritus iniciales siguen siendo útiles más adelante?

Algunos sí, sobre todo si el momento de su habilidad activa o su valor pasivo aún encaja con vuestra configuración. Sustituidlos porque un espíritu nuevo resuelva mejor un problema, no simplemente porque sea nuevo.

¿Cómo encajan los espíritus con las transformaciones?

Usad espíritus para aprovechar una única ventana bien calculada y transformaciones para ejecutar un plan más largo con una forma temporal. Una configuración potente puede usar ambas cosas, pero cada una debe cumplir una función distinta.

Siguientes pasos relacionados

Notas de actualización

La elección de espíritu pierde vigencia a medida que cambia la configuración. Revisad el efecto pasivo equipado y el momento de activación después de nuevos capítulos, mejoras o jefes que os bloqueen, y sustituid vuestro espíritu favorito si ya no acierta de forma segura o no respalda los atributos que usáis realmente.